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Ni Punto de Comparación

Ni Punto de Comparación

Comparaciones… dicen que son odiosas… o inevitables se disculpan otros. Comparaciones gratuitas, como las opiniones, comparaciones injustas, justas, desafortunadas, descompensadas… Lo que está claro es que existen y que no paramos de hacerlas, ya sea consciente o inconscientemente.

La pasada semana, durante las Fases de Ascenso de LF2 a LF ocho equipos se compararon unos con otros compitiendo por las dos anheladas plazas del ascenso. Quizás fuera más acertado decir que compitieron más que se compararon, quizás si. En la pista compitieron, pero en las gradas, en los periódicos, los blogs, en los corrillos… ahí ya es otra cosa, ahí se compararon. Y no solo los equipos clasificados fueron sometidos a comparaciones, por supuesto las jugadoras, l@s entrenador@s, los directivos, todo el mundo recibió su ración. Yo procuro evitar estas comparaciones, pero he de reconocer que no es fácil, la tentación es fuerte y las conversaciones del mundillo casi inevitablemente, llevan a algún tipo de comparación.

Si intento evitarlo es porque me he dado cuenta de que más allá del placer que produce el hablar por hablar (sobretodo de baloncesto), las comparaciones no conducen a nada y a menudo, quién las realiza remata la comparación con una conclusión que designa un ganador y un perdedor. Bien, viva la pluralidad por supuesto, la opinión es libre y respetable, pero subjetiva (como casi todo).

¿Deberíamos hacer un esfuerzo para comparar menos o almenos, para comparar mejor?

Creo que sí.

Una de las bases de mi trabajo es comparar. En permanente contacto con las jugadoras (sobretodo) y con los clubes, se comparan ofertas y aptitudes. Las jugadoras reciben ofertas y através de una valoración (comparativa) optan por aceptar una por delante de otras; a su vez, los clubes, presentan sus ofertas por una/s jugadora/s en detrimento de otras porque han comparado antes distintos aspectos de ellas (posición, nivel, precio, edad, carácter, etc.). La clave para tomar una buena decisión, me refiero a las jugadoras, es hacer las comparaciones correctas (y el menor número posible de ellas, priorizar vaya) .

Pero para evitar adentrarme demasiado en el mundo de las negociaciones que, al margen de ser complicado, entiendo que debe ser privado, centrémonos en los comentarios de grada, de corrillo, de sobremesa. En una conversación entre fumadores en el exterior del Pabellón de Fuentecarmona, hubo una frase que me llamó la atención. Esta frase deribó de una comparación, que quizás inicié yo. Comparábamos plantillas y opciones y en un momento dado “jugamos” a decir quienes eran las dos mejores jugadoras  de un determinado equipo. La frase fué:

“¡Es que para algunos segurante serían fulanita y menganita y yo quizás te diría Pepita y Josefina!”

Pués yo coincidia con esa persona, pero a la vez sabía que otra mucha gente no lo haría. Pero de lo que me dí cuenta realmente es de que no hacíamos la comparación correctamente. La primera cuestión es que no se había establecido el objetivo que perseguía la comparación, o mejor dicho (ya que el objetivo era escoger las dos mejores jugadoras de la plantilla) lo que no estaba establecido era el criterio. Cuando comparamos, a menudo, hacemos aquello de mezclar velocidad con tocino, peras con manzanas, etc. ¿Las mejores jugadoras? ¿En anotación? ¿En defensa? ¿En ritmo o fluidez de juego? ¿Físicamente, táticamente? Y ya no entramos en conceptos como coste/sueldo, implicación, peso en el equipo y en la competición…

Así que para comparar debemos saber qué comparamos, porqué y con que objetivo (y criterio).

¿Qué es mejor, mi Seat Ibiza o tu BMW 735? Aunque parece obvio, un análisi concienzudo pude darnos una respuesta inesperada. No, no pretendo decir que la marca Española es mejor que la mítica alemana, sino hacer evidente que la clave está en los detalles y sobretado en el objetivo perseguido:

- ¿Si te digo que el Ibiza es del ’08 y el BMW del ’95?

- ¿Si te digo que el BMW ha tenido varios accidentes?

- ¿Si te digo que vivo en el centro, que no salgo de la provincia y que no tengo parking?

- Y… ¿si soy panadero? Pues mejor una Berlingo!!!!

 

Un comentario

  • pina says:

    vaya…de las pocas veces que leo algo que verdaderamente me hace reflexionar, me encanta


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